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Las playas de la provincia cumplen dos décadas de convivencia con el top less

Una práctica cada vez más extendida pero aún con rechazos aislados: las usuarias de las playas gaditanas lo analizan

Hace 20 años, una cándida España que ya se creía moderna y próspera, empezaba a olvidar los tiempos de censura omnipresente e incluso miraba por el retrovisor el despertar creativo de la movida. Mediada la década de los 80, los españoles corrían con la lengua fuera para ponerse a la altura de Europa, que le sacaba varias décadas de ventaja en todo, especialmente en libertades públicas. A ese atracón de hambrientos que fue el destape siguió una etapa de mayor normalidad en la deshinibición, en la que las distintas tendencias sexuales o la exhibición del cuerpo desnudo, o casi, empezaron a ser hábitos admitidos. No resultó fácil, pero entre 1985 y 1986, las playas más concurridas de Cádiz empezaron a recibir a las primeras mujeres que tomaban el sol a pecho descubierto, es decir, «sin parte de arriba» (traducción literal del inglés top less). Ya desde los años 60 hubo escaramuzas, incluso playas abiertamente nudistas, en parajes costeros paradisíacos de la provincia, libres todavía de la plaga del hormigón y casi sin civilizar como Trafalgar, Los Caños de Meca, Torre del Puerco, El Palmar... pero en 1986 el top less supera ese aislamiento e irrumpe en playas urbanas, en las más familiares, de esas que acogen a decenas de miles de personas cada julio y agosto. Las pioneras de la práctica eran, casi exclusivamente, jóvenes veinteañeras y treintañeras procedentes de otros países de Europa de las grandes ciudades españolas: guiris o chicas modernas de para entenderlo de forma coloquial. La prensa de la época habla de «incidentes» en algunas playas de la provincia, como La Caleta, en la capital. La más familiar de todas fue escenario de la agresión, denunciada entonces, a dos chicas italianas que primero fueron increpadas y luego zarandeadas por enfurecidas amas de casa a las que no les gustaba ver otros pechos desnudos ante sus maridos e hijos. Evolución histórica En realidad, estas dos afectadas fueron luego imitadas por miles. Estas pioneras y sus seguidoras no hacían más que aceptar una tendencia imparable en Europa desde 1946. En ese año se inventó el bikini y, desde entonces, su utilización fue a más y su tamaño a menos. Braguita y sostén del nuevo traje de baño cubrían cada vez menos piel, año tras año. Que perdiera su mitad superior era cuestión de tiempo. De hecho, a principios del siglo XXI se ha llegado a la mínima expresión, el top less con tanga. El siguiente paso es el nudismo, puesto que ya no queda más tela que eliminar. A pesar de que la tendencia a mostrar piel desnuda con naturalidad era internacional e imparable, desde los años 70, y de que la pornografía ya era un elemento habitual en España, en el Cádiz urbano y rural la aparición del top less fue levemente traumática. Su aparición se produjo en el 86, aunque desde 1981 el nudismo era una práctica legal (aunque acotada y regulada) en España. Hasta bien entrados los años 90, el top less en playas tan concurridas como las de Chiclana, Chipiona, Rota, Sanlúcar o Cádiz era cosa de turistas y deshinibidas. Hasta que el cambio de siglo no era una certeza en el horizonte de los calendarios, «la gente no se atrevió a practicarlo en su », admiten Montse y Ana, dos madres treintañeras que recuerdan los primeros casos en la provincia de Cádiz, que ubican 15 ó 20 años atrás. «Las que lo hacían en los 90 eran turistas, que no tenían por qué ser extranjeras, o si lo eran las de aquí, eran las más deshinibidas de la pandilla, las más atrevidas del colegio, las echadas p'alante» recuerdan entre risas. Incluso, se atreven a poner nombre al recuerdo: «De las primeras chicas de Cádiz que recuerdo en top less, en La Victoria, cada día es Esther Arroyo, era monísima, tenía un cuerpazo y se atrevía», añade María del Carmen, compañera de generación. Testimonios de hoy Corrían los últimos 80 y los primeros 90, la que luego sería presentadora, Miss España y actriz era una adolescente osada que llamaba la atención por el chasis que mostraba tanto como por su valor social. Aunque cada verano había más practicantes en las grandes playas gaditanas, muchas chicas de la provincia «todavía buscaban zonas más escondidas para hacerlo, como Los Caños, o las zonas que aún estaban por descubrir de Vejer, Roche... cuando iban a la playa en su , se cubrían». Una década después, cuando el siglo XXI ha dejado de ser novedad, la tendencia ha seguido al alza. «La que no se pone ya, es porque no quiere», asegura Mila, también madre, gaditana y treintañera. Las fronteras se han roto. Ya no lo practican sólo las jóvenes, ni las turistas. El top less está abierto a cualquier edad, condición y situación social, en cualquier playa. Las que no lo practican y los hombres consideran que ya es una costumbre aceptada. Sin embargo, las que lo hacen matizan que aún quedan restos de intolerancia. La diversidad de opiniones está más viva de lo que parece. En París se acaba de prohibir esta práctica a orillas del Sena, que durante los meses de verano se convierten en improvisadas playas. En Cádiz, parece que está universalmente aceptado, pero las aguas no están tan claras. Marieta Ruiz, una usuaria de Cortadura, afirma que el top less no es tan normal, que da «quebraderos de cabeza a todos los que consideramos que es una transgresión ante niños o mayores». Pese a que aún queda gente que se siente molesta, la mayoría dice observar el fenómeno con naturalidad, con indeferencia incluso: «Las mujeres quieren disfrutar de un bronceado sin marcas» comenta Susana Martos, una Sevillana asentada en Cádiz desde hace cinco años y que lleva gran parte de su vida haciendo top less: «Es una práctica totalmente normal, sólo hay que ver la cantidad de gente que lo hace, cada vez más. Yo lo hago sin problemas». Admite que está dispuesta a cubrirse «si alguien se acerca y me pide de forma amable que, por favor, me cubra, aunque me ha pasado muy pocas veces». Isabella Couso es madre y practicante diaria de top less. Asegura que los incidentes o protestas ya son muy raros pero se muestra muy molesta ante los argumentos de los que se oponen a ver pechos en la playa: «Es natural, no hay nada que ofenda a niños o mayores, los que se ofenden son los que tienen el problema. ¿Por qué no se duchan con chubasquero y botas de agua? si es lo mismo que sumergirse en el mar tan vestido». Ella lo practica con su hijo de tres años, completamente desnudo, correteando por la arena de un lado a otro. Rosa es una joven de Cádiz, de 23 años, que admite practicarlo, de vez en cuando: «Todavía hay cierta reticencia a hacerlo en tu , en la playa a la que van tus vecinos... mis amigas y yo lo hacemos siempre que vamos a otras playas de la provincia, pero en Cádiz... sólo en primavera, o en Cortadura». Todavía quedan reservas, todavía hay resquemores. «Los hay que miran mucho y te incomodan, aunque cada vez son menos». Habrá que esperar otros 20 años para que la normalidad se tumbe, definitivamente, en la playa cada verano.
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